COMENTARIO EVANGELIO
Aquí encontrarás ideas de cada norma y costumbre que suelen darse en los círculos.
La intención es iluminarte la cabeza. No es un guión preparado ni exhaustivo. Coge uno o dos puntos y prepara tú lo que vas a decir.
El Plan de Vida
El Plan de vida (o normas de piedad), según las enseñanzas de san Josemaría Escrivá de Balaguer recogidas en sus obras (como Camino, Surco, Forja o sus volúmenes de homilías Es Cristo que pasa y Amigos de Dios), es un conjunto de prácticas espirituales diarias, semanales, mensuales y anuales distribuidas a lo largo de la jornada.
El objetivo de este plan no es el cumplimiento rígido de unos deberes, sino mantener una presencia de Dios constante en medio del mundo, convirtiendo el trabajo ordinario y la vida familiar en una oración continua. Según san Josemaría, las normas deben ser como los pilares de un puente o las vías de un tren: dan estructura y soporte, pero deben adaptarse a las circunstancias de cada uno (salud, profesión, deberes familiares) "como un guante en la mano".
El plan de vida parece un imposible, pero no es rígido. Parece que solo podremos realizar las normas y no tendremos tiempo de hacer nada. Poco a poco, vamos incorporándolas una a una y caben todas las normas de piedad. Se adapta como un guante de látex en la mano del cirujano. Ni se nota pero hacen su función.
A continuación se detallan los principales elementos que configuran este plan de vida según sus obras:
El sentido profundo del Plan de Vida
En las obras de Escrivá de Balaguer se repiten constantemente tres conceptos clave sobre cómo se deben vivir estas normas:
- 1. Filiación divina: Las prácticas de piedad no se realizan por miedo o por obligación legal, sino porque nos sabemos y nos sentimos hijos de Dios. Rezar es hablar con nuestro Padre.
- 2. Unidad de vida: El plan de vida sirve precisamente para evitar la "doble vida" (la de quien reza en la iglesia pero actúa de manera injusta o egoísta en el trabajo). Las normas unen la vida espiritual con la profesional y familiar. San Josemaría decía que debemos ser "místicos en medio del mundo".
- 3. Santificación del trabajo ordinario: El trabajo no es un obstáculo para la oración, sino el mismo lugar en el que se encuentra Dios. El plan de vida da la energía interior necesaria para ofrecer el trabajo bien hecho como un sacrificio a Dios.
1. Normas diarias:
Son el núcleo de la jornada para mantener el trato con Dios desde la mañana hasta la noche:
- El "minuto heroico": Levantarse puntualmente a la hora fijada, sin conceder pereza al cuerpo. San Josemaría lo consideraba la primera victoria del día
(Camino, 191 Domínate cada día desde el primer momento, levantándote en punto, a una hora fija, sin conceder ni un minuto a la pereza. Si, con la ayuda de Dios, te dominas en esto, tendrás mucho avanzado para el resto de la jornada. ¡Es tan desalentador sentirse vencido en el primer asalto!).
Suele ir acompañado de un ofrecimiento de las obras del día a Dios.
- La Santa Misa y la Comunión: Es el centro y la raíz de la vida espiritual del cristiano. Todo el día debe enfocarse en preparar la Misa o en dar gracias.
- La oración mental (oración): Dedicar un tiempo exclusivo (habitualmente dos períodos de 30 minutos, o lo que cada uno pueda según su estado) a hablar cara a cara con Dios, como con un amigo o un padre.
- El Santo Rosario: Rezar los misterios del día, meditando la vida de Jesús y de la Virgen María. San Josemaría insistía mucho en el amor a la Virgen María como camino seguro hacia Cristo.
- La Lectura Espiritual y del Santo Evangelio: Dedicar unos minutos a leer el Evangelio del día y algún libro de doctrina o espiritualidad para nutrir la cabeza y el corazón.
- Visita al Santísimo Sacramento: Un breve momento para pasar por una iglesia o un sagrario a saludar a Jesús y hacer una comunión espiritual.
- El Ángelus (o el Regina Caeli en tiempo de Pascua): Rezarlo al mediodía para recordar la Encarnación del Hijo de Dios y venerar a la Virgen.
- Examen de conciencia: Antes de dormir, hacer un breve repaso del día (cómo se ha trabajado, el trato con los demás, el cumplimiento de las normas) para pedir perdón por los errores (acto de contrición) y proponerse mejorar al día siguiente.
2. Normas semanales
Ayudan a romper la rutina ya profundizar en aspectos concretos de la fe:
- La Confesión sacramental: Acudir con regularidad (san Josemaría se refería a menudo a ella como el "sacramento de la alegría") para recibir el perdón de los pecados y la gracia para seguir luchando.
- El examen particular: Elegir un defecto concreto a combatir o una virtud a mejorar, y evaluarlo semanal o diariamente.
- La mortificación o pequeño sacrificio: Ofrecer pequeñas renuncias (especialmente los viernes, en recuerdo de la Pasión de Cristo), orientadas sobre todo a hacer la vida más agradable a los demás (sonreír cuando se refleja cansancio, no quejarse de la comida, etc.).
- La Salve o una antífona de la Virgen los sábados: En honor a la Virgen María.
3. Normas mensuales y anuales
Momentos de parada para tomar perspectiva y renovar las fuerzas espirituales:
- Un día de receso mensual: Unas horas dedicadas al recogimiento, la oración intensa y el examen profundo de cómo va la vida espiritual y laboral.
- Curso de retiro: Unos días (habitualmente de tres a cinco días) de silencio y aislamiento de la rutina diaria para realizar un balance del año y rehacer el diálogo con Dios.
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