La Sexta Bienaventuranza es: "Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios" (Mt 5, 8). Tener un corazón limpio significa tener una mirada unificada y sincera, sin dobleces ni hipocresía. Es el corazón que busca a Dios por encima de todo y que, por lo tanto, es capaz de reconocer Su imagen en los demás.
Esta bienaventuranza purifica la intención con la que realizamos las obras de misericordia. Sirve para eliminar la hipocresía en la caridad: sin limpieza de corazón, ayudar puede convertirse en una forma de comprar una imagen pública o tranquilizar la conciencia de manera superficial.
La limpieza de corazón permite que el acto de ayudar sea un encuentro auténtico de persona a persona, viendo la verdad de Dios en el otro.