La Cuarta Bienaventuranza

Beati qui esuriunt

La Cuarta Bienaventuranza es: "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados" (Mt 5, 6). Esta justicia es el anhelo profundo de que la voluntad de Dios se cumpla en la tierra y de que cada ser humano reciba lo que corresponde a su dignidad de hijo de Dios. Es el motor que impulsa al cristiano a no conformarse con un mundo herido.

Esta conexión sirve para evitar la indiferencia. El hambre y la sed son necesidades que no pueden esperar; al conectarlas con las obras de misericordia, se enseña que la fe debe traducirse en un compromiso activo por transformar la realidad, buscando saciar las carencias del prójimo con urgencia.


Conexión con las Obras de Misericordia

Esta bienaventuranza es la fuerza que dinamiza tanto las obras corporales como las espirituales, buscando la integridad total del hombre.

  • Dar de comer al hambriento y de beber al sediento: Actos de justicia distributiva para devolver al pobre su derecho a la vida.
  • Enseñar al que no sabe: Combatir la ignorancia para permitir que la persona sea libre y dueña de su destino.
  • Visitar a los presos: Buscar la redención y reconocer que la dignidad humana permanece intacta ante Dios.
  • Agente de cambio: Traducir la fe en un compromiso activo por transformar las necesidades del prójimo.

Importancia para la Iglesia

Para la Iglesia, esta unión es el alma de su Doctrina Social. Una Iglesia con hambre de justicia es una Iglesia profética que denuncia las estructuras de pecado. Esta bienaventuranza asegura que la caridad no sea mero asistencialismo, sino una búsqueda compartida de bienestar común donde la justicia es el primer paso indispensable del amor.