Con la fiesta del Bautismo del Señor (el domingo posterior a la Epifanía), se cierra solemnemente el tiempo de Navidad y se abre la puerta al Tiempo Ordinario. En este evento, Jesús no se bautiza porque necesite purificación (Él no tenía pecado), sino para santificar las aguas y solidarizarse con nuestra condición humana.
Importancia de la Fiesta
- El Bautismo de Jesús es una "segunda Epifanía" o manifestación, pero esta vez con una relevancia trinitaria y ministerial:
- • Revelación de la Trinidad: Es el momento en que se escucha la voz del Padre ("Este es mi Hijo amado"), se ve al Hijo en el agua y desciende el Espíritu Santo en forma de paloma.
- • Inicio de la Vida Pública: Es la "investidura" de Jesús. Aquí deja su vida oculta en Nazaret para comenzar a predicar el Reino de Dios.
- • Fundamento de nuestro propio Bautismo: Jesús transforma un rito de arrepentimiento en un sacramento que nos hace hijos de Dios.
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Consejos prácticos para orar durante esta fiesta
- Esta celebración es la oportunidad perfecta para reconectar con tu propia identidad cristiana:
- 1. Renovación de las Promesas Bautismales: En tu oración, haz un acto consciente de fe. Di: "Renuncio al mal y elijo a Cristo". Recuerda que gracias al bautismo eres sacerdote, profeta y rey.
- 2. Oración de Gratitud por los "Canales": Da gracias a Dios por tus padres y padrinos que te llevaron a bautizar, y por el sacerdote que derramó el agua sobre ti. Ellos fueron los instrumentos para que la vida de Dios entrara en tu alma.
- 3. Meditar sobre la filiación divina: Cierra los ojos y escucha en tu interior las palabras del Padre: "Tú eres mi hijo amado, en ti me complazco". Deja que esa verdad sane tus inseguridades o sentimientos de abandono.
- 4. Pedir la docilidad al Espíritu Santo: Al igual que el Espíritu descendió sobre Jesús para impulsarlo a su misión, pide en oración que el Espíritu Santo te guíe en tus tareas cotidianas (trabajo, familia, estudios).
- 5. Uso del Agua Bendita: Si tienes agua bendita en casa o en tu parroquia, haz la señal de la cruz con ella con especial devoción, recordando que ese signo te marcó para siempre como propiedad de Dios.