Los Frutos del Espíritu Santo son las señales o muestras de la presencia de Dios en nuestra alma. Si los dones son las herramientas que Dios nos regala, los frutos son el resultado visible de haber usado bien esas herramientas en nuestra vida diaria.
Mientras que los dones son disposiciones para actuar, los frutos son los actos deliciosos y terminados que el alma produce cuando vive en gracia. Son la prueba de que la vida de Cristo fluye a través de nosotros con naturalidad.
Es una diferencia sutil pero preciosa para nuestra vida espiritual: