Entender los Diez Mandamientos requiere verlos no como una lista arbitraria de prohibiciones, sino como una brújula moral y un marco de libertad. En la teología cristiana y la ética judeocristiana, estos preceptos obligan de tres maneras fundamentales:
1. Son mandatos que todo el mundo acepta, salvo unos pocos.
Los Mandamientos se consideran expresión de la ley natural. Los derechos humanos de la ONU, los tiene recogidos perfectamente. Esto significa que, más allá de la revelación religiosa, contienen principios que la razón humana puede reconocer como necesarios para la convivencia y la dignidad personal. Obligan porque protegen bienes humanos básicos: la vida, la verdad, la familia y la propiedad. No son sugerencias, sino requisitos mínimos para una vida en orden con Dios y con el prójimo.
Ejemplo
Elena rechaza una oferta de trabajo que le promete ganar el triple a cambio de usar tácticas poco éticas. Pone su integridad y su fe por encima de la riqueza.
2. ¿Qué ocurre si no cumplimos algún mandamiento?
Depende de cada país la pena que tendrás, multa, amonestación prisión…
Pero la Iglesia siempre se refiere a la relación de católico con Dios. ¿Dios se enfada si no cumplo un mandamiento? No. Pero no queda satisfecho contigo.
Hay diversos grados de incumplimiento:
falta: es incumplimiento por no ignorancia, no darme cuenta o no saber que está mal.
Pecado leve o venial: Materia grave, plena advertencia y pleno consentimiento. Alguna de estas tres condiciones no se da de manera completa.
Pecado Mortal: Hay materia grave, plena advertencia y pleno consentimiento.
3. Una Alianza, no una Carga
La fuerza de obligación nace de una Alianza. Para el creyente, se cumplen por amor y gratitud, no por miedo al castigo. Obligan en la medida en que el ser humano busca su propio perfeccionamiento; saltarse estas normas se percibe como un daño que el individuo se hace a sí mismo y a su entorno. En resumen, obligan porque son la base de la justicia y la paz social.
4. Jesucristo resumió los 10 mandamientos
Le preguntaron a Jesús cual era el mayor mandamiento y contestó:
Mateo 22, 37-40
«Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente. Este principio es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos sostienen toda la Ley y los Profetas».
Jesús convierte la ley de Dios en el mandamiento del Amor. Si amas a Dios y a los demás estás cumpliendo los 10 mandamientos.