La vida eterna. Amén.

DOCTRINA

Vida Eterna

Llegamos al final del camino del Credo, que no es un muro, sino una puerta abierta de par en par. Al decir "creo en la vida eterna" y sellarlo con un "Amén", declaramos cuál es el destino de nuestro viaje.

1. No es una "duración", es una "cualidad"

A veces imaginamos la eternidad como un tiempo que no acaba nunca, lo cual puede sonar aburrido. Pero la fe nos enseña que es entrar en el "ahora" de Dios, donde ya no hay pasado que lamentar ni futuro que temer.

Es como ese momento de felicidad tan profunda que desearías que el tiempo se detuviera. Multiplica eso por el infinito.

2. El "Cielo" es una Persona

Más que un lugar con nubes, el cielo es una relación: estar con Cristo. San Agustín decía: "Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti". La vida eterna es el fin de esa inquietud.

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3. El "Amén": Nuestra firma personal

El Credo termina con esta palabra hebrea que significa "así es", "es verdad", "me fío". No es un punto final de resignación, sino un grito de confianza. Es poner nuestra vida sobre la roca de estas verdades.

4. Una esperanza que transforma el presente

Creer en la vida eterna no nos hace desentendernos de este mundo. Al contrario: quien sabe que tiene un destino glorioso, cuida con más amor el camino. La esperanza nos da fuerzas para luchar por la justicia y el amor aquí y ahora.

Para concluir
"No vivimos para morir, sino que morimos para vivir plenamente. El 'Amén' es el 'sí' que da sentido a todos nuestros esfuerzos por ser mejores cada día".